A partir de cierto instante
sólo queda el tiempo del abismo.
con rosas o sin rosas,
con muelles o sin ellos,
con otros rostros o sin nadie.

No importa hacia dónde miremos
o hablemos o callemos.
El tiempo del abismo teñirá
cada momento y cada cosa,
como un obicuo colorante
que no excluye ni siquiera la ausencia.

El tiempo del abismo
parece más firme y seguro
que la no confirmada eternidad.
[5]