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Vivo
el poema como una explosión del ser por debajo del lenguaje.
Descubro aquí cuatro elementos básicos: explosión,
ser, lenguaje y debajo. Podríamos acercarnos a ellos diciendo
lo anterior de otro modo: el poema es la expansión abrupta
de una realidad fundamental que se genera a través de las
posibilidades subyacentes de la expresión verbal y no sólo
por medio de la su capacidad significativa inmediata. [...]
Me apasiona la fuerte humanidad
de una búsqueda de esta clase, su desafío a las normas
y los estereotipos, la densidad de nivel donde se gesta la lucha
por la expresión, la intensidad del buceo en las zonas más
olvidadas y sin embargo más vivas de lo real, la simbiosis
profunda de todas las proyecciones simbolizadoras, la paradójica
complementariedad y hasta sincronicidad de lo espontáneo
y lo reflexivo, lo dicho y lo no dicho, la victoria y el fracaso,
lo esperado y lo inesperado, lo posible y lo imposible, lo uno y
lo otro.
Me subyuga el amor que se funda
y sustancia en estos espacios vivos y la libertad radical de ese
amor, que ya no hace distingos entre expresarse y comunicarse, entre
soledad y compañía, entre ausencia y presencia, entre
voz y silencio, entre amar y pensar, entre todo y algo. La palabra
transfigurada de un hombre solitario puede recoger allí,
por abajo, el gesto misterioso y absurdamente magnífico de
la humanidad. La poesía puede entonces proyectar ese gesto
y abolir en un acto de amor la distancia entre el hombre y los objetos,
entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, entre
el hombre y la muerte. Más que un vacío, esas distancias
son el músculo al que es posible dar vida con el nervio de
la visión creadora, con el tatuaje inusitado de la palabra
en función y explosión de ser, para mover así
el mundo. La realidad está donde queremos que esté,
donde somos capaces de engendrar una forma.
En el corazón de mi poesía
está la creencia en que el pensamiento es más concreto
que todo el resto de la materia del mundo. Por eso, en el corazón
de mi poesía hay también un rostro.
Toda vida es sólo un amago,
el anuncio o comienzo de un gesto. También la poesía
es un amago, pero su ademán permanece, como si fuera algo
más. El hombre y su lenguaje empujando implacablemente sus
límites, desvestidos de todo cuanto no sea límite,
desvistiéndose de aquello que ahora lo es. Suprema afirmación,
es también lo más cercano a la suprema negación.
La grandeza concreta de la poesía, como la de la vida, consiste
en no estar hecha. Un salto siempre más allá, el salto
que nos hace posibles.
Desde adentro, toda obra es un fracaso.
Pero creo haber buscado algo distinto. Y esa búsqueda, desde
adentro o afuera, no es un fracaso.
*
Nota de Ángel Ros: Este texto fue publicado
como prólogo a Poèsie verticale (Recontre,
Lausanne, 1967). Puesto que se trata del prólogo a una antología
bilingüe, se publicó ahí solamente en su versión
francesa. La versión en lengua española apareció
en la revista Actual (año. 1, n. 2, Universidad
de los Andes, Mérida, mayo-agosto de 1988, pp. 121-123),
como complemento de un artículo de Ludovico Silva, “Decir
de lo indecible: poesía vertical de Roberto Juarroz”,
luego reproducido en Roberto Juarroz: Poesía y creación.
Diálogos con Guillermo Boido (Carlos Lohlé, Buenos
Aires, 1980), de donde he tomado estos fragmentos (el título
que aparece aquí es mío).
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PÁGINA DE HOMENAJE A
ROBERTO JUARROZ
www.robertojuarroz.com
Realizada por Daniel Gónzalez
Dueñas y Ángel Ros
Agradecimientos
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