Introducción

Casi ficción. Allí donde la realidad está a punto de volatilizarse o volverse fantasma y vacío, la palabra la contiene o retiene en el límite, mediante los hilos poco menos que invisibles de la imaginación y la poesía, es decir la no ficción. Al borde de la ficción.

El hielo parece una piedra. El hombre parece un dios. Pero el hombre y el hielo tienen prisa.
[19]
Tal vez no sea yo quien muera en mi morir. ¿Acaso fui yo quien nació en mi nacer?
[24]
En una calle, un hombre esperaba que pasara alguien. Y no pasaba nadie. El esperó, esperó. Y no pasó nadie. Entonces salió huyendo. Y tampoco encontró a nadie. Aquel hombre terminó por darse cuenta: él era nadie.
[29]
El amor nunca se consuma. Antes de su supuesta consumación, porque falta algo. Después, porque sobra algo y sobrar es otra manera de faltar. Y el instante de su aparente consumación no es más que un vértigo que huye, un relámpago fantasmal que superpone aproximación y alejamiento, lo lleno y lo vacío. Un punto que se borra en el momento mismo de colocarlo. Sólo queda el recuerdo de una posibilidad que pareció realizable. En consecuencia, llamamos consumación a una pérdida. Tal vez una pérdida necesaria. O quizá no.
[69]
La poesía es un ademán del espíritu que va ganando otra razón.
[71]
Hay que dejar que se forme en cada uno el negativo de su imagen. No para ver lo que no somos, sino para reconocer lo que somos. Es el primer paso para liberar nuestra imagen, para acceder a la forma libre de nuestra imagen. Pero hay una condición: no revelar el negativo.
[83]
Todo está al término de una larga paciencia. Tan larga que parece a veces exceder a la vida.
[87]
Si borro mi nombre al pie de un texto que he escrito, ese texto me parece incompleto. Sin embargo, es entonces cuando está más completo. La anonimia es la rúbrica más segura.
[89]
Hacer poemas para dormir con ellos, poemas que penetren en la imaginación del sueño y desaceleren sus vértigos, descontando con abismal lentitud los días no vividos de la vida y también los que no se vivirán en la muerte.
[93]
Al partir, no mirar hacia atrás. O mirar tan atrás que adelante y atrás se junten.
[101]
A partir de cierto instante, sólo queda el tiempo del abismo. O el abismo sin tiempo.
[106]
No encontramos a veces las palabras que debemos decir en un lugar y en cambio las hallamos en otro, donde no nos atrevemos a decirlas. ¿Qué pasaría si nos atreviéramos? ¿Acaso el silencio que guardamos en un sitio no es válido también en otro? Debemos tratar a las palabras como tratamos al silencio.
[119]
Hemos aprendido a escribir sobre todas las superficies, hasta sobre el agua. Pero no hemos aprendido a escribir encima del silencio, quizá porque no sabemos escribir con el silencio.
[124]