Introducción

Casi poesía. No siempre la visión y la palabra coinciden hasta la suma del poema. Muchas veces sólo quedan algunos núcleos o gérmenes o imágenes o roces, como si fueran restos o quizá paradójicas ganancias de un naufragio. ¿Pero acaso es otra cosa toda la poesía? Tal vez se debiera entonces hablar aquí de fragmentos caídos, astillas de poemas, gestos de aproximación, trozos de materia poética de textos que no terminaron de nacer. Y consolarse con la idea de que nacer es un proceso que nunca termina.

Llegar con los ojos abiertos a la mirada final, como un estandarte que no se avergüenza. Aunque los ojos abiertos tengan que cerrar muchas cosas.
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Lo visible es un adorno de lo invisible.
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Apagar una luz me deslumbra más que encenderla.
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Una hoja en el árbol, justifica al árbol. Pero un árbol sin hojas lo justifica todo.
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Imaginar una lámpara hasta encenderla.
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Sólo desnuda da sombra la flor.
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Una sola palabra en una casa de espejos.
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Allí donde la luz no alumbra, tal vez alumbre la sombra.
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Me has enseñado a no cortar las flores. He sospechado que tú eres cómplice de su crecimiento.
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Ya que debemos olvidarlo todo, deberíamos por lo menos una vez recordarlo todo.
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Aunque pierda mi nombre y yo no responda ya a su llamado, volveré siempre al lugar donde tu lo pronunciabas.
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Nadie posee nada. Para poseer algo es preciso desnudarlo, apoderarse de su centro y tener un espacio donde protegerlo. Nadie puede, para poseer una rosa, desvestirla de sus pétalos y retener su fragancia. Las manos del hombre son siempre manos vacías. Tal vez nuestro ejercicio fundamental consista en aprender a amar y escribir con las manos vacías.
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La vida está tan sola que a la muerte ya no le va quedando soledad.
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Más vieja que la vida. Más joven que la muerte. ¿Será ésa la edad de la poesía?
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Hay palabras que son como una fiesta que cae del asombro de los pájaros.
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